Hace dos años que le digo a todos que soy vegetariano pero a veces voy solo a comer un choripán y vuelvo como si nada.
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🔒 100% anónimoContá lo que no le contás a nadie. Sin nombres, sin vueltas. Nadie sabe que fuiste vos.
Le saqué plata del bolsillo a mi viejo de adolescente y él nunca dijo nada. Creo que lo sabía.
Me gusta el mejor amigo de mi novio y cada vez que vienen juntos no sé dónde mirar.
Renuncié hace tres semanas y todavía no le dije a mi familia. Me levanto, me visto y me voy a un café con la notebook.
Le dije a mi jefe que falté porque estaba enfermo y en realidad me fui a la cancha. Ganamos 2 a 0 así que valió la pena.
Le puse de contraseña el nombre de mi ex a todo. Hace cuatro años que escribo su nombre todos los días sin querer.
Hace tres años que le sigo el cumpleaños a mi ex en el calendario y todavía no sé por qué.
Mi vieja cree que dejé de fumar en 2019. Esta confesión la escribo desde el balcón.
Tengo terror de que descubran que no sé nada y que llegué hasta acá de pura suerte.
Cobré dos veces el mismo trabajo a dos clientes distintos sin querer y no dije nada. Pagué las deudas con eso.
Me comí lo último que quedaba en la heladera y dejé el envase vacío para que no se note. Soy un cobarde.
Tengo 31 años y todavía no sé cómo se hace una transferencia sin preguntarle a mi hermana.
Me hago el dormido cuando llega mi suegra así no la tengo que ir a buscar a la terminal.
Lloré en el baño del trabajo y volví a la reunión como si nada. Nadie se dio cuenta y eso me da más tristeza todavía.
Renuncié a un trabajo que odiaba sin tener otro. Mejor decisión de mi vida, dormí 12 horas seguidas.
Quiero a mi suegra más que a mi propia madre y eso me hace sentir una mala hija.
Estoy perdidamente enamorada de alguien que cree que somos solo amigos. Mañana se va a vivir a España.
Sigo teniendo el peluche que me regaló mi abuela y tengo 28 años. Duerme conmigo. No me importa.
Le dije que sí a la propuesta de casamiento pero estoy seguro de que no la quiero. No sé cómo salir de esto.
Robé un alfajor del kiosco cuando tenía 12 y todavía me acuerdo de la cara del señor. Nunca volví a entrar.
Mi mamá cree que estudio medicina. Dejé en segundo año. Voy a la facultad, me siento en un banco y vuelvo.
Odio a mi mejor amiga pero no tengo el coraje de dejar de hablarle. Hace diez años que finjo.
Hace diez años que digo que voy a dejar de fumar el lunes. Esta confesión es de un domingo.
Cada vez que alguien me cuenta un problema pienso en cómo se lo voy a contar a otra persona después.
Gané una rifa del club y dije que no me había tocado nada para no compartir la plata. Eran cinco lucas.
Le miento al verdulero diciendo que me gusta cómo elige la fruta. Después tiro la mitad.
Estoy enamorado de alguien que conocí en un grupo de WhatsApp y nunca vi en persona. Vive en Montevideo.
Le mando audios a mi gato cuando no estoy en casa para que escuche mi voz. Tengo 34 años.
Mentí en toda la entrevista de trabajo y me tomaron. Ahora googleo todo lo que tengo que hacer.
Tengo todo para estar bien y igual hay mañanas que me cuesta horrores levantarme.
Hace meses que finjo que estoy bien en la pareja. No sé cómo decirle que ya no lo siento.
Una vez canté en un karaoke pensando que era buenísimo. Vi el video al otro día y dejé de cantar para siempre.
Me peleé con mi viejo hace seis años por una pavada y ninguno de los dos sabe ya por qué. Lo extraño.
Tengo un frasco con la plata de las propinas que escondo de mi pareja porque es lo único mío.
Le mentí a una profesora diciendo que se me había muerto el perro. No tengo perro ni se murió nadie.
Cuando era chico le prendí fuego a los pastizales del fondo sin querer y vino el camión de bomberos. Dije que no sabía nada.
Tengo un cuaderno donde anoto las cosas que la gente dice que va a hacer y nunca hace.
Borré un mensaje del celular de mi novia antes de que lo lea porque era de un chabón. No pasó nada pero igual lo borré.
Le dije a mi novia que la canción que sonaba la había compuesto yo. Era de un grupo famoso.
Me hago la que no escucho cuando me piden plata en la calle porque no sé qué hacer, y después me da culpa toda la semana.
Le presté un libro a alguien hace ocho años y todavía me acuerdo. Era de mi viejo.
Copié media tesis de un pibe de otra facultad. Me recibí y mi familia hizo un asado para festejar.
Una vez entré al baño equivocado y en vez de salir me quedé escondido hasta que se fueran todos.
Mentí en el currículum sobre un título que no tengo y nadie lo verificó en seis años.
Hace tres días que no me baño y trabajo desde casa así que nadie lo sabe. Hasta ahora.
Pongo alarmas con mensajes motivadores para mí mismo porque nadie más me los manda.
Le organicé una fiesta sorpresa a mi novio pero no vino nadie y la cancelé. Todavía no sé cómo decírselo.
Tengo dos trabajos remotos al mismo tiempo y ninguno de los dos lo sabe. Vivo con miedo.
Guardo la ropa que ya no me entra esperando un milagro que no va a llegar.
Le digo a todos que estoy ocupado cuando en realidad no me animo a salir de mi casa.
Hace diez años que escribo un diario y nunca dejé que nadie lo lea. Ni mi pareja sabe que existe.
Le miento a mi hija diciendo que su pez se fue de vacaciones. Lo reemplacé tres veces ya.
Cada domingo le digo a mi mamá por teléfono que estoy bien mientras lloro. No quiero que se preocupe.
Le escondo a mi mamá que su comida ya no me gusta. Como afuera y vuelvo con hambre fingida.
Tengo 19 y nunca di un beso. Todos creen que tuve mil noviazgos.
Sé que mi tío le roba a la familia hace años y todos hacemos como que no nos damos cuenta.
Le robé un labial a una amiga hace años y cada vez que lo uso me acuerdo. Ya no hablo con ella.
Me gané el respeto de toda la oficina por un proyecto que en realidad hizo un pasante que ya se fue.
Guardo todos los tickets de los lugares a los que fui con mi ex en una cajita. No la puedo tirar.
Una vez me hice el muerto en un partido de fútbol para que no me echen. Funcionó.
Le dije a mi grupo de amigos que tenía covid para no ir a un cumpleaños. Estaba en mi casa viendo series.
Mi abuelo me dejó un reloj cuando murió y lo vendí para pagar deudas. Le digo a todos que lo perdí.
Conocí al amor de mi vida en un velorio y nunca me animé a pedirle el número.
Hace un año que estoy enamorada de mi profesor de inglés. Tiene mi edad pero igual me da una vergüenza terrible.
Hace un año que estoy de novia y todavía no borré la app de citas. No sé qué me pasa.
Me como las uñas y cuando me ven escondo las manos como si tuviera 8 años.
Junté cartas de figuritas toda mi infancia y todavía las guardo en una caja de zapatillas.
Cebo mate amargo en las reuniones para parecer canchero. Lo tomo con tres cucharadas de azúcar en casa.
Le pongo me gusta a las historias de mi vecina y después me escondo cuando la cruzo en el ascensor.
Cuento las baldosas cuando camino y si piso una raya tengo que volver a empezar. Tengo 33.
Le dije que la amaba primero por miedo a que se vaya, no porque lo sintiera. Ahora sí lo siento y no se lo puedo decir.
Tengo treinta y tantos y todavía duermo con la luz del pasillo prendida. Nadie lo sabe.
Cada vez que veo a mi ex feliz en redes me alegro y me muero de bronca al mismo tiempo.
Tengo una cuenta falsa para espiar a mi ex y a su nueva novia. Sé más de su vida que de la mía.
Hace años que le digo a mi mamá que su tarta es la mejor del mundo. Le pongo sal a escondidas.
Repetí un año y le dije a todos que me había cambiado de colegio por mudanza.
Cuando cocino mal y nadie me ve, lo tiro, pido delivery y digo que comí lo que hice.
A los treinta me di cuenta de que copié toda mi forma de hablar de un amigo del secundario.
Me sé de memoria el currículum de gente que me cae mal solo para criticarla mejor.
Me recibí de abogado para que mi viejo esté orgulloso. Hace cinco años trabajo en una cafetería y soy feliz.
A veces manejo hasta la casa donde crecí y me quedo mirándola desde el auto. Ya vive otra familia.
Le pongo nombre a las arañas que viven en mi balcón. Somos compañeros de cuarentena desde hace años.
Le dije a mi psicólogo que estaba mejor para dejar de ir. No estaba mejor, solo no podía pagar.
Mando mensajes y borro la conversación entera para no ver si me dejaron en visto.
Estudié toda la carrera equivocada por no defraudar a mi viejo. Me recibo el mes que viene infeliz.
Guardo los mensajes de voz de alguien que ya no está solo para escuchar su voz cuando no puedo más.
Le presté plata a un amigo hace dos años y nunca me la devolvió. Sigo invitándolo a todo como si nada.
Tengo miedo de que mi mejor época ya haya pasado y solo tengo 25.
Finjo que sé qué pido en los restoranes elegantes. Señalo cualquier cosa y rezo.
Cuido a mi papá enfermo y a veces deseo que todo termine. Después me odio por pensarlo.
Lloré en una reunión por Zoom con la cámara apagada mientras sonreía con la voz.
Tengo dos alarmas: una para despertarme y otra para acordarme de que tengo que ser feliz hoy.
Mi vieja todavía me prepara el mate como me gusta y no le digo que dejé de tomarlo hace años.
Me hice amiga de la cajera del súper de tanto ir y ahora no puedo cambiar de súper aunque me quede lejos.
Fingí que me encantaba el regalo y lo tengo guardado en una bolsa hace dos años. Era horrible.
Mi viejo nunca me dijo que estaba orgulloso de mí y yo repito el mismo error con mis hijos.
Cuando alguien dice que le gusta una banda que me gusta, miento y digo que no la conozco para que no sea mainstream.
Guardo capturas de cosas que compré y devolví para acordarme de no volver a caer.
Dejé de hablarle a un amigo de toda la vida por un comentario y nunca le dije el verdadero motivo.
Pedí plata prestada para una urgencia que no existía. La usé para no sentirme menos que mis amigos.